LAS PARADOJAS DE LA ELECCION PRESIDENCIAL EN CHILE
Por Claudio Jedlicki

Muchos se habían sorprendido de la gran indiferencia del electorado que precedió la campaña electoral.
Una explicación completamente satisfactoria pasaría necesariamente por un examen profundo de las percepciones del electorado frente a este evento. A nuestro conocimiento nada de esto existe.
Nos parece que la explicación es concomitante con los resultados de la primera vuelta, donde la izquierda junto al centro apenas sobrepasa un cuarto de los votantes.
Permítasenos entonces avanzar una hipótesis que podría al menos formar parte de una explicación.
Entre las candidaturas que ocuparon los 5 primeros lugares, ninguna cuestionaba en su esencia el modelo económico neoliberal heredado de la dictadura. La cuestión fundamental estando así zanjada, las diferencias entre ellas se concentran en otros factores y/o, a lo más, en algunas correcciones que la política económica puede infligir al susodicho modelo.
Así, por ejemplo, la candidatura de Jara se aleja de las otras en materia impositiva, principalmente con las de extrema derecha que quieren alivianar los impuestos de primera categoría. De igual manera se manifiesta más favorable a mejorar los salarios que las otras difiriendo también cuando proponen reducir la regulación estatal cuando no el estado mismo.
No obstante, la derecha y sus extremos no han hecho campaña privilegiando estas proposiciones. Al contrario, la han centrado en la delincuencia, tema que han instalado desde hace tiempo gracias al control de los medios de información.
El modelo neoliberal extractivista basó su dinámica en la exportación de bienes derivadas de las ventajas comparativas que provienen de las dotaciones en recursos naturales de las que dispone el país. Mayoritariamente vienen de la extracción, cobre y litio. También otras minoritarias, con un leve valor agregado como la fruticultura, el vino y las industrias forestales-pasta de papel y madera – y pesquera – crianza de salmones y pesca-.
La contraparte al impulso exportador fue la apertura generalizada a la importación de la inmensa mayoría de los productos industriales. Esto permitió que se fuera estableciendo gradualmente una sociedad de consumo (*), propagándose gracias al rápido crecimiento de las exportaciones y del crédito de consumo.
De aquí viene nuestra hipótesis fundamental. Este modelo por más aberrante que parezca (**) fructificó y conquistó el alma de la mayoría del país, emborrachándolo.
Por supuesto que otras consideraciones contribuyeron a este resultado. Ahí están, nuestra propia derrota de la vía pacífica al socialismo y la resistencia armada a la dictadura, el derrumbamiento del socialismo en Europa, las experiencias catastróficas venezolana y nicaragüense hicieron el resto.
Por otra parte, el Consenso de Washington que imponían los organismos internacionales, nuestra dependencia al bloque occidental y el fuerte crecimiento económico fueron generando un consenso adhesivo al modelo.
Las cúpulas dirigentes opositoras a la dictadura, por lo demás también adictas a la droga del consumismo, no tuvieron problema para apropiárselo, aunque con algunos retoques. Estos últimos necesarios para corregir, muy parcialmente, algunas desigualdades insoportables en materia de ingresos y de salud, pero sin alterar su esencia.
Incluso la ruptura hace ya más de una década del largo ciclo de crecimiento acelerado si bien trajo protestas tampoco derivaron en el cuestionamiento de la esencia del modelo y la necesidad de su reemplazo (***).
En un contexto de consensualidad del modelo, la despolitización progresa y muchos electores populares sin poder identificarse con lo que serían sus intereses de clases no ven obstáculo a inclinarse, por más que sea sin mucha convicción, hacia aquellos programas que agitan y ofrecen mayor seguridad.
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(*) Donde los consumidores manipulados por la publicidad y el crédito al consumo son incitados a consumir abundantemente, más allá de lo indispensable.
(**) En el próximo número daremos nuestra visión sobre la aberración del modelo
(***) Con algunas notables excepciones como la del brillante economista y exministro Roberto Pizarro
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