KAST CONFIRMA SU POSICIÓN DE COLOCAR A CHILE EN LA CONDICIÓN DE SÚBDITO DE ESTADOS UNIDOS

Apenas unos días después de asumir como presidente, José Antonio Kast confirmó su posición de sumisión y alineamiento total a la política de Donald Trump, la que ya había manifestado públicamente en Miami durante el encuentro para el “Escudo para América”, donde el mandatario estadounidense convocó a los mandatarios latinoamericanos que considera sus súbditos para que le rindieran pleitesía.
En una seguidilla de menos de una semana, después de firmar un acuerdo con Estados Unidos para facilitar la entrega a este de recursos minerales estratégicos, el gobierno de Kast decidió retirar su apoyo a la postulación de la expresidenta Michelle Bachelet al cargo de secretaria general de las Naciones Unidas.
Tres días después de asumir sus funciones, el gobierno de Juan Antonio Kast firmó una declaración conjunta con el subsecretario de Estado de Estados Unidos, Christopher Landau, para establecer consultas bilaterales sobre recursos estratégicos, entiéndase el litio y las tierras raras, en la línea de un acuerdo similar firmado un mes antes entre Washington y el gobierno de Javier Milei.
Si bien el nuevo canciller explicó las razonesdel acuerdo con una de esas frases protocolares para no explicar nada – “Es un tema muy importante para Chile, la idea es trabajar en eso e iniciar prontamente un análisis de todo el tema”- el convenio se inscribe claramente en un alineamiento de Chile con la posición de Estados Unidos en su disputa estratégica con China.
China posee las más importantes reservas mundiales de tierras raras, lejos delante de EEUU que, en este esquema, está en sexto lugar detrás de Vietnam, Brasil, Rusia, India y Australia.
Las tierras raras, llamadas así porque es difícil encontrarlas en concentraciones puras, son un conjunto de 17 elementos químicos de propiedades similares y que son esenciales para todo lo que es la electrónica moderna civil y militar, como los teléfonos móviles, las baterías recargables, sistemas de radares, turbinas eólicas, láseres etc.
En este mismo contexto de alineamiento que se señalaba al principio, el gobierno de Kast decidió retirar el apoyo del gobierno de Chile a la postulación para el secretariado general de las Naciones Unidas de Michelle Bachelet que ya había sido asegurado institucionalmente y no políticamente, durante el mandato de Gabriel Boric.
Las razones, como siempre, fueron entregadas en el tono ambiguo de las declaraciones oficiales, expresadas más o menos así: “el escenario está fragmentado, hay múltiples candidaturas latinoamericanas y diferencias con actores claves del proceso que, en su diagnóstico hacen “inviable” el éxito del proceso”.
Para concluir, y en un gesto de suprema bondad, en caso de que Bachelet persistiera, como ya lo hizo “el gobierno de Chile no apoyará ningún otro candidato”.
Sin embargo, a un nivel menos oficial, han trascendido las razones de fondo para retirar el apoyo la candidatura de Bachelet, las que se han resumido, siempre expresado en el ambiguo lenguaje oficial, en el hecho que esto significa evitar “costos diplomáticos”.
Lo que traducido al lenguaje normal significa que se quiere evitar las consecuencias que podría significar para Chile la pataleta que seguramente va a provocar a Donald Trump el que una mujer y, más encima según su estrecho esquema mental, una “comunista”, pueda llegar a la cabeza de un organismo internacional que, aún al menos simbólicamente, está cuestionando sus crímenes.
La posibilidad de que Michelle Bachelet fuese elegida a la secretaría general de la ONU significa no sólo un enorme prestigio internacional para Chile sino una posibilidad promoción para el conjunto de los países latinoamericanos y del llamado Sur Global, sobre todo en las circunstancias actuales en que la guerra en el Medio Oriente está provocando una modificación total de las relaciones internacionales.
En este momento, la presencia de una mujer y latinoamericana a la cabeza del organismo internacional y en el contexto de los profundos cambios geopolíticos que necesariamente derivarán del conflicto, podríaser un factor para modificar las relaciones de fuerza al interior de instancias de la ONU tan importantes como el Consejo de Seguridad, reservado hasta el momento para las grandes potencias establecidas hace 80 años después de la Segunda guerra mundial.
En este gran contexto internacional, sin que sea una sorpresa, José Antonio Kast y su gobierno han elegido ya su campo que, como lo está demostrando, no es el de Chile.
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