AYUDAR A GALVARINO APABLAZA PARA EVITAR CAIGA EN MANOS DE LOS HEREDEROS DE LA DICTADURA ES DEBER DE JUSTICIA

De su encuentro en Argentina con Javier Milei, SS excelencia José Antonio Kast esperaba sin duda traer de vuelta a Chile aquel trofeo que su predecesor progresista, Gabriel Boric, no había conseguidoen su primer viaje al extranjero, en abril de 2022, a saber, la cabeza del ex guerrillero y dirigente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Galvarino Apablaza.
Mala pata para los dos compinches que se quedaron con las ganas, pues antes que la policía argentina llegara al domicilio del comandante Salvador para detenerlo, este, con toda la experiencia de una vida de clandestinidad consagrada a la lucha contra la Dictadura, sus actores, cómplices y herederos, simplemente se había esfumado.
Apablaza es perseguido por la justicia chilena como autor intelectual de la ejecución de Jaime Guzmán, siniestro personaje en tanto ideólogo y figura clave de toda la estructura jurídica, política y militar de la dictadura de Pinochet.
La justicia que hoy persigue a Apablaza y a otros, como Mauricio Hernández Norambuena, es la misma que jamás consideró ni siquiera inquietar entre tantos otros criminales de la dictadura a un personaje con un prontuario tan nutrido pero encubierto como el de Guzmán.
En la historia mundial del siglo XX, hay un personaje que cumplió un papel semejante al de Guzmán en tanto ideólogo en un régimen tan sanguinario y criminal como fue el de la Alemania nazi.
Alfred Rosemberg tal como Guzman, seguramente nunca disparó contra alguien, ni ordenó masacrar ni torturó a nadie; su papel fue estrictamente intelectual en la instalación de la doctrina nazi e incluso en la producción del manual básico de esta, Mein Kampf (Mi lucha), escrito por el mismo Adolf Hitler.
No obstante, todo esto fue suficiente para que el Tribunal Internacional de Nuremberg, organizado al término de la Segunda Guerra Mundial,considerara que Rosenberg era culpable entre otros, de crímenes de guerra, crímenes contra la Humanidad y asociación ilícita para cometer crímenes.
Por todos estos cargos, Rosemberg fue condenado a muerte y ahorcado el 16 de octubre de 1946.
Sobre estos antecedentes, la lógica indica que Guzmán debería haber sido al menos juzgado y condenado por un tribunal chileno como cómplice de la dictadura, y en acuerdo con sus propios punto de vista, incluso a la pena capital, de la cual era partidario, pues consideraba que era un manera de expiar todos los pecados para presentarse puro ante el Dios supremo
En su defecto, fue el FPMR que actuó en lugar de una “justicia en la medida de lo posible” para castigar a uno de los responsables de la muerte, la tortura, el exilio de miles de personas, como de la suerte de más de mil detenidos hasta ahora desaparecidos.
No se necesita ser muy avispado para comprender que el retiro de la condición de refugiado político que tenía Apablaza en Argentina y su eventual extradición a Chile, en el contexto que se vive el país transandino y ahora en Chile, desde el 11 de marzo, corresponde a unacuerdo de convergencia política y totalmente ajeno incluso a una parodia de justicia
La metida de pata de la vocera del gobierno chileno, Mara Sedini, que dio por “condenado” en Chile a Galvarino Apablaza, es elocuente en cuanto a la posición de las autoridades chilenas que, sin considerar que no ha sido sometido a juicio y que, si hubiese cometido delito, este ya está prescrito, sin más, ya lo consideran culpable y, por lo tanto, sujeto a condena.
Los que ahora lo persiguen son los mismos que hace 47 años se apropiaron del camino de lucha, sacrificio y vidas, recorrido por el Frente Patriótico Manuel Rodriguezy sus combatientes para poner en crisis a la dictadura.
En este contexto negociaron la llamada transición que permitió la impunidad de buena parte de criminales como Jaime Guzman y aseguraron la permanencia del modelo económico y social impuesto por la fuerza y crimen y cuidadosamente mantenido y fortalecido por todos los gobiernos “democráticos” desde 1989.
Nadie sabe donde se encuentra actualmente Galvarino Apablaza, pero es deber de justicia real para todo aquel que se considere revolucionario, el hacer todo lo que esté en su poder para ayudarlo y protegerlo para que siga libre y evitar que caiga en manos de los herederos de la Dictadura.
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