LA CRISIS DE UCRANIA Y EL DERECHO SOBERANO DE RUSIA DE DEFENDER Y PROTEGER SUS FRONTERAS

¿Cuál sería el nivel del escándalo internacional que haría Washington si hubiese tropas rusas o aliadas de Moscú instaladas en su frontera sur con México o en la del norte, con Canadá y, si hubiese un proyecto de Moscú de instalar baterías de misiles nucleares en Cuba, Venezuela o en toda la cuenca del Caribe?
Desde 1991, momento en que se produce la desintegración del bloque socialista, la desaparición del Pacto de Varsovia y hasta ahora, Rusia ha enfrentado en sus fronteras, desde el Mar Báltico al Mar Negro, una situación semejante a la que generaría una hipótesis como la anterior, con la expansión y la presión constante de Estados Unidos, a través de su ente militar en Europa, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
En el marco de esta política expansionista, las presiones de Estados Unidos para integrar Ucrania al bloque occidental y a la OTAN tienen por objetivo completar el cerco militar en torno a Rusia y, por ende, de aislarla e impedirle un acercamiento económico, político o cultural con el resto de Europa.
Ejemplo claro de esta tentativa de aislamiento son también las más recientes presiones de Washington en torno a la puesta en marcha de un segundo gaseoducto a través del Mar Báltico (NordStream 2, paralelo a un primero, NordStream 1).
NordStream 2 permitirá duplicar las exportaciones de gas ruso hacia Europa, principalmente Alemania, evitando el flujo del producto a través de otros conductos que pasan por Ucrania, Polonia y Belarús.
La crisis en torno a Ucrania de las últimas semanas, la que parece disminuir de intensidad con el fin de las maniobras militares en la frontera con este país, se enmarca en este cuadro como el último capítulo hasta ahora de la pugna entre el expansionismo estadounidense y el derecho de Rusia, en tanto Estado soberano, de asegurar sus intereses y proteger sus fronteras.
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