Chile

LOS INMIGRANTES: ESCLAVOS DEL SIGLO XXI

Ministro Elizalde en desayuno de conmemoración por el Día Internacional contra la Discriminación (marzo 2015)

A partir del siglo XVI y hasta mediados del siglo XIX, el tráfico de esclavos desde el Africa fue uno de los elementos claves para el desarrollo, primero del comercio y luego de la industria en Europa, hasta su abolición, no por razones humanitarias, como se ha hecho creer, sino por motivos estrictamente económicos.

El esclavo africano, raptado masivamente, trasladado en barcos hasta las colonias americanas y vendido a los dueños de explotaciones con gran necesidad de mano de obra, se convirtió así en un bien de producción tal como podía ser un caballo, un arado, una carreta.

En tal condición y, siempre por cuestiones estrictamente económicas, su alimentación, salud, vivienda o vestuario, más no fuera el mínimo, implicaba un gasto, como el que es necesario para mantener un caballo, una máquina o una carreta.

Como se comprenderá fácilmente, la emancipación de los esclavos significó un tremendo ahorro para el empresario, pues todos aquellos gastos en mantención del bien de producción que era el esclavo quedaron en lo sucesivo a cargo de este mismo.

Este flamante “hombre libre”, y por ende proletario debió asumir así la obtención del mínimo que estaba obligado a darle su antiguo amo, teniendo como única posibilidad para vivir la venta de su trabajo.

Luchas terribles durante más de un siglo y medio de estos ex esclavos convertidos en proletarios, dieron como resultado, según las regiones o los países, mejoramientos mayores o menores de sus condiciones de vida, hasta conseguir, en el mejor de los casos, un cierto equilibrio entre el costo social del trabajador y las ganancias esperadas por el empresario.

La teoría económica neoliberal de Milton Friedman en la Escuela de Chicago, que establece que es el mercado y nada más que el mercado el que rige las relaciones económicas, fue puesta en práctica en Chile bajo el amparo de la dictadura cívico-militar por los llamados “Chicago Boys”.

En este nuevo esquema, todos los avances sociales y derechos logrados durante más de un siglo de luchas, como los de la salud,  la educación,  la vivienda y por supuesto el propio trabajo, fueron abolidos y  sometidos a las leyes del mercado, es decir a la oferta y la demanda que determinan el precio.

Al mismo tiempo, la destrucción sistemática del tejido industrial que operó en Chile la misma Dictadura, significó miles y miles de desocupados.

Esto significó que, al haber una mayor oferta de la parte de personas dispuestas a vender su fuerza de trabajo, con una demanda de trabajadores que se mantuvo mas o menos constante, el precio ofrecido por la mercadería-fuerza de trabajo, el decir los salarios pudieron bajar y quedar a merced de los patrones.

Dicho de manera más simple, el ejemplo tipo de la respuesta de un patrón frente a un trabajador pidiendo mejores condiciones, ilustra el nuevo estado de cosas: “si no te gusta, te vas, pues hay cientos o miles dispuestos a trabajar por menos”.

Es en este esquema que se puede  entender el por qué de la inmigración masiva que se producido  en los últimos años y los problemas que ha generado, sobre todo en el norte de Chile.

El 22 de febrero de 2019, en Cúcuta, localidad fronteriza entre Colombia y Venezuela, Sebastián Piñera participó con pretensiones de ser vedette, en un fracasado show contra el gobierno de Venezuela.

En aquella ocasión y con las finalidades ante señaladas, Piñera ofreció puertas abiertas para los venezolanos que quisieran ir a radicarse a Chile. Por supuesto y aparte de una “visa de responsabilidad democrática”, nada se dijo de las condiciones que ofrecería el Estado chileno a tales invitados.

Como es evidente, el gesto de Piñera era una mascarada humanitaria que escondía, tal como en el caso de la abolición de la esclavitud, un interés, en este caso político y diplomático que fracasó, pero sobre todo económico:  al aumentar, en este caso con inmigrantes venezolanos, la oferta de mano de obra, podía ofrecer a los empresarios chilenos el disminuir así aún más el costo de producción.

Por cierto, estos modernos esclavos del neoliberalismo no fueron llevados con cadenas de metal, pero sí empujados por la miseria, provocada, en este caso venezolano, por Estados Unidos y Europa, los mismos negreros de siglos pasados, con el concurso luego, de los actuales traficantes, como Sebastián Piñera.

Hace unos meses, comentando las primeras agresiones organizadas contra los migrantes en Iquique, medio en broma, le enrostraba a alguien originario de esa ciudad, inmigrado y residente en Francia, el comportamiento de sus coterráneos.

“¿Sabe? Tengo una tía que vive por allá y me dijo que los inmigrantes eran muy cochinos, que se instalaban en las playas, en las plazas y que hacían caca o meaban en cualquier parte”, me replicó medio avergonzado.

Mi primera, estúpida y primaria reacción de izquierdista ortodoxo y bien pensante fue la de decir para mis adentros:  “Ah la vieja y su sobrino, un par de huevones fascistas”. Pero como todavía soy algo educado, me callé y llegué a la conclusión que era yo quien estaba razonando fuera del tiesto

Es triste comprobar que en este tema de la migración, la derecha y el fascismo van ganando de lejos. No sólo en cuanto al provecho material obtenido mediante esta moderna esclavitud, sino también en el plano de las ideas.

El hecho que personas como la tía en cuestión que, por su origen de clase, por sus valores seguramente cristianos o humanistas, lógicamente deberían tener una actitud al menos compasiva y que, por el contrario, poco a poco comienzan a tener pensamientos semejantes a los peores fascistas, son más que un llamado de atención, una alarma urgente que debe hacernos reaccionar con igual urgencia.

Soyez le premier à commenter

Poster un Commentaire

Votre adresse de messagerie ne sera pas publiée.