EL PRESUNTO PLAN DE RECONSTRUCCIÓN NACIONAL DE KAST ¿CHOREO O CHORREO?
Por Claudio Jedliki

A mediados de marzo, el recién asumido gobierno Kast, anunciaba la necesidad imperiosa de un plan de ajuste cuyo objetivo sería la reducción del déficit presupuestario que dejaba el gobierno Boric. Ahora en abril, termina maquillado en nada menos que un proyecto de reconstrucción nacional.
La verdad de la milanesa es que el objetivo fundamental, no confesado, es deshacerse de la reforma tributaria del gobierno Bachelet de 2014. Probablemente, la reforma correctiva más significativa de los Concertacionistas al modelo neoliberal que heredaron y mantuvieron, adaptándose y apropiándoselo.
El resto del proyecto, cuarenta medidas en total, son cuestiones trascendentes, como las regresiones en materia de educación y salud, resultantes de la contracción presupuestaria y otras disposiciones tributarias inscritas todas en una lógica de reducción del impuesto, pero que escapan al objetivo de esta columna.
La reforma tributaria de 2014 integró más el sistema tributario desintegrado por la dictadura. Este último otorgaba un enorme privilegio a los capitalistas, los dueños del capital, eximiendo disimuladamente las empresas del pago de impuestos, al tratar como crédito para el capitalista el impuesto de primera categoría (I1C) que estas pagaban. Este podía descontarse del impuesto personal a la renta que pagan los capitalistas, como el resto de los ciudadanos imponibles.
Las empresas al igual que las personas se benefician de un conjunto de acciones y de inversiones que asume el Estado y de las cuales disponen gratuitamente, dada la imposibilidad de fraccionar el uso que estas hacen, tales como la seguridad interna y externa, la formación de los trabajadores, la infraestructura nacional, etc.
El impuesto a la renta personal tanto para capitalistas, trabajadores o rentistas es entre otros* la contra partida del uso que individualmente estos hacen de lo que el Estado les proporciona dada la imposibilidad de poder facturar el consumo que cada cual hace. Al igual que a las personas, las empresas también se benefician de lo que el Estado pone a disposición gratuitamente pero como veremos sin contra partida impositiva alguna.
El I1C efectivamente pagado por la empresa al substituirse al que su capitalista debiese asumir como persona, cuando este lo deduce de su Impuesto Global Complementario deja de ser una contra parte de todo aquello que la empresa recibe sin costo del Estado.
La impostura del Plan Kast no se limita a hacernos pasar gato por liebre, al restablecer la no imposición a las empresas al pagar el impuesto personal de sus accionistas, pero también cuando lo justifican proclamando que favorece a todos.
Argumentan que la disminución de impuestos al capitalista al permitirle nuevamente deducir el I1C que se acompaña de la reducción de la tasa de 27% al 23% es una incitación a que este aumente sus inversiones, incrementando tanto el empleo como el PIB. Es lo que llaman chorreo.
Intentan convencernos de que este Plan es para beneficiar a los trabajadores, ya que al aumentar la ganancia del capitalista se favorece su reinversión repercutiéndose en más empleo y alza de la producción.
Razonar así significa considerar que el traspaso al capitalista de lo que el Estado pierde en recaudación asegura una utilización más eficiente para todos, sin demonstración alguna. Esto está lejos de ser una verdad absoluta demostrada siendo solo uno de los principales dogmas en los que reposa el neoliberalismo.
Este Plan misceláneo se parece más a un choreo de recursos suplementarios estatales, que se entregan a los capitalistas, que a un supuesto mayor chorreo que engendrarían si fuese el Estado quién dispusiera de ellos.
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*Entre otros, porque también cumple otros objetivos como contribuir a la redistribución del ingreso para corregir desigualdades o financiar subvenciones diversas.
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