¡ A KAST SE LE SIGUE SALIENDO LA HILACHA !
Por Claudio Jedlicki

A pocos días de comenzar el nuevo gobierno, se empezaron a anunciar medidas que convergían en la reducción de impuestos y la disminución de gastos estatales, apareciendo claramente el sector más rico de la población como el más favorecido. La reforma tributaria se plasmó en el Plan de Reconstrucción que comentamos en el número precedente.
Ahora parece haber llegado el turno de la ciencia y de la cultura. Los gastos que desembocan en actividades que no generen empleo inmediatamente y producción tangible deben ser, si no prescritos, desfinanciados por el Estado*.
La amenaza es clara y no es sorprendente. El intelectualicidio de la extrema derecha ha sido de siempre. No se reduce solo a la élite científica, extendiéndose al resto de los intelectuales y artistas. Dicho de otra manera, todo aquello no susceptible de generar dinero a corto plazo y/o que contribuya al desarrollo del pensamiento crítico.
El intelectualicidio no llega a la eliminación física**, pero las reducciones presupuestarias engendran la fuga de cerebros al exterior o la reconversión forzada de los talentos para poder sobrevivir.
En este esquema, solo cierta ciencia experimental que utiliza conocimientos existentes para desarrollar productos, tecnologías y mejorar la productividad tiene cabida, dando poca bola a la ciencia básica y aplicada.
Es cierto, la investigación científica no siempre desemboca en tecnologías o nuevos productos, particularmente en el dominio de las ciencias sociales, pero sí que es indispensable para la formación de médicos, arquitectos, ingenieros y aún más primordial en la de sociólogos, economistas, historiadores, juristas…
El conocimiento no debe ser una mercancía transable en los mercados, sino un bien público entre los más imprescindibles. La acumulación y aplicación del conocimiento están en la base del crecimiento, gracias a la innovación y al aumento de la productividad que provocan.
Si la humanidad superó el oscurantismo de la Edad Media, fue gracias a un conjunto de cambios económicos, políticos e institucionales. A estos se sumaron la innovación técnica y la difusión del conocimiento que permitieron la imprenta y el advenimiento del Renacimiento entre los siglos XV y XVI, el cual se caracterizó por el desarrollo de las artes, las letras y la ciencia.
La nebulosa del negacionismo científico la hemos presenciado durante la pandemia reciente del COVID y también respecto al calentamiento de la Tierra debido al uso intensivo de la energía carbónica. Si Trump es uno de sus principales exponentes, las ultraderechas europeas también han manifestado posturas que van en el mismo sentido.
La gran interrogante que surge es ¿por qué razón la extrema derecha adopta una posición intelectualicidia, en los diferentes países donde accede al gobierno, contrariamente a las derechas tradicionales?
No podemos responder aquí sobre el fondo, pero nos parece que esta diferencia se inscribe en la misma línea que el resto que los separa de la derecha, que por lo demás no es tan grande y, por añadidura, fluctuante: el populismo.
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*Kast declaró el 06/05/2026:
« Hagámosle un seguimiento a todos los recursos que se han entregado en los centros de educación y veamos cuál es el resultado de esos recursos que hemos entregado, y se van a sorprender… A veces 100 millones, 500 millones, para una investigación que termina en un libro precioso, empastado, en la biblioteca. ¿Cuántos trabajos generó? Ninguno».
** Ha sido más bien el caso en totalitarismos tales como las revoluciones culturales china y camboyana.
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