¡ MOSTRAR LA HILACHA NAZI !

En aquel genial filme que fue “Dr Strangelove” (*) del gran cineasta Staley Kubrick, el doctor en cuestión, un excientífico alemán, de esos reciclados por Estados Unidos después de la Segunda guerra mundial, tenía un tic que le hacía levantar el brazo y hacer el saludo nazi cada vez que era contrariado.
De hecho, está comprobado que, en algunas personas, al perder el control emocional por una situación de stress o frente a una actitud que resulte chocante, esto puede hacer aflorar gestos anteriores propios o incluso de algún ancestro, por ejemplo, un padre, que habían sido un poco olvidados o disimulados.
Sin duda Stanley Kubrick creó ese personaje de un nazi aparentemente redimido pero que, alterado emocionalmente, mostraba su yo profundo, como una caricatura de esos miles de nazis en Estados Unidos o en distintos países del mundo, adonde huyeron y se escondieron sin por lo tanto dejar de ser lo que eran.
También en la película, lo de levantar el brazo para hacer el saludo nazi, evidentemente, es una representación resumida de otros gestos, dichos y actitudes que, por ejemplo en política, aunque estén bien presentadas bajo las normas de la comunicación, el marketing político y las buenas costumbres, son signos tan elocuentes de una herencia, como la del “Doctor Strangelove”.
Como, por ejemplo, cuando alguien habla repite y repite conceptos como “disciplina”,“autoridad fuerte” y, sobre todo, “orden” en todas sus variantes, “orden sobre el caos”,“rumbo del orden”, “ordenar la casa”, “recuperar el orden” y, como complemento, propone crear registros de vándalos que no respeten el orden para privarlos de derechos.
Enfrentado a una situación de estrés, incluso ese alguien, que puede ser una autoridad del más alto nivel, también puede perder el control de sus emociones y, por último, terminar mostrando su verdadero yo.
Esto no significa necesariamente que vaya a levantar el brazo como sus ancestros o, más recientemente, como lo hace Elon Musk.
Pero hacer, lo que en el fondo se parece mucho, como es el imponerle a un niño que le negó el saludo, el que debe irse a su casa a trabajar, porque son sus valores de orden y disciplina y no otros, ni siquiera los de su madre, a los que tiene que someterse, porque él es el Presidente, la Autoridad Máxima, el Líder.
Y, para la madre del niño, responsable directa de tal atentado contra la autoridad y sus valores, la policía, siempre fiel a la voz del amo, encargada de encontrar en sus archivos algún antecedente para poder detenerla sin que aparezca como una persecución política.
Algo totalmente al margen de lo anterior y porque nunca es tarde para aprender algo: en alemán, este concepto de autoridad, de líder, de guía está condensado en el término Führer.
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(*) Esta película fue conocida en el mundo hispánico con el título “¿Teléfono Rojo? Volamos hacia Moscú”
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