Chile

LA PALMA DE HONOR PARA UN PELOTERO CON MUCHO MÁS PELOTAS QUE LAS REGLAMENTARIAS

Grande fue la sorpresa del Honorable Presidente del no menos Honorable Jurado de la Palma de Honor al franquear la maciza puerta de roble tallado que da acceso al salón barroco donde tienen lugar las reuniones y encontrarse con todos los miembros y la miembra que, ataviados ya con sus togas y pelucas empolvadas, lo esperaban ansiosos.
Su primera reacción fue ir a hurgar en el bolsillo de su chaleco para consultar su reloj y asegurarse que no se había equivocado en la hora de la reunión.
¿Acaso debido a un lamentable error de su parte, por primera vez en la historia, llegaba después de los Honorables Miembros, siempre tan respetuosos ellos de la “hora chilena” ( a eso de las …y tanto)?
Pero no. Las agujas en el cuadrante con números góticos del reloj de oro con cadena del mismo metal que había extraído del bolsillo de su chaleco, indicaban las nueve en punto.
Antes de encontrar una explicación a la radiante expresión que se leía en los siempre severos rostros de los honorables, estos le lanzaron a coro y como niños que quieren comunicarle a su padre que tuvieron una buena nota en la escuela:
“Tenemos al ilustre ganador de la Palma de Oro que superó con creces nuestros exigentes requerimientos”, exclamaron entusiasmados.
Y antes que el Honorable Presidente tuviese el tiempo de preguntar quién era tal maravilla, los Honorables Miembros, una vez más a coro, le respondieron:
¡ Manuel Pellegrini ¡
Fue entonces que el Honorable Presidente tuvo que reconocer públicamente que, a pesar de su sólida y maciza cultura general en todos los ámbitos de la ciencia y el conocimiento, tenía un vacío sideral, cual es el del fútbol y el peloteo.
En tales dolorosas circunstancias, el Honorable Presidente no tuvo más que escuchar a los Honorables que detalladamente le explicaron quién era el galardoneado.
A saber, un entrenador de fútbol chileno instalado en España quien, pretendiendo incursionar en un terreno en el cual dejó en evidencia su ignorancia, demostró disponer de mucho más pelotas que las necesarias para el ejercicio de sus funciones profesionales, es decir ser un gran pelotudo.
En declaraciones al diario español ABC que, en comparación haría aparecer a EL Mercurio como un diario de extrema izquierda, este Pellegrini, con su ignorancia como único argumento,  se permitió justificar el golpe militar de 1973 en Chile, señalando que “en 1970… vino el gobierno de Salvador Allende, el primer presidente comunista elegido democráticamente”.
No fue necesario conocer más en detalles las pelotudeces de este pelotero para que el Honorable Presidente con un golpe de martillo y un solemne “Aprobado”, le otorgara el mundialmente reconocido galardón.
En un próximo número publicaremos el acta oficial de esta reunión, pues los Honorables quedaron de reunirse esa misma tarde en el bar Cap Horn de París, por lo que al cierre de la presente edición aún no habían terminado la redacción del documento.

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