¿Cómo interpretar el actual proceso constitucional chileno?
Por Marcelo Duhalde

Mi posición es muy simple: Gabriel Boric, contrariamente a lo señalado en su programa, nunca se propuso terminar con el modelo económico imperante en Chile.
Su gobierno sigue la senda trazada por todos los gobiernos anteriores, senda que depende fundamentalmente del ingreso de capitales extranjeros al país. Para ello no solo basta la promesa que hiciera a los canadienses y norteamericanos de no nacionalizar las riquezas mineras, sino que también la de mostrar un país con estabilidad política, con consenso e instituciones representativas.
Recordemos que para la segunda vuelta de las elecciones presidenciales Boric contaba con las preferencias del Washington Post.
Hoy es The Economist, gurú del neoliberalismo planetario, el que alaba la necesaria tarea de “normalidad” emprendida en Chile. El 2 de febrero recién pasado en el diario El Desconcierto, Daniel Lillo nos informa jubiloso que el semanario británico vuelve a catalogar a Chile como “democracia plena” luego de haberlo catalogado en 2021 como “democracia defectuosa”.
The Economist junto con apreciar el acercamiento de Boric al centro político destaca el Acuerdo por Chile como “un canalizador del proceso constituyente y el hecho que la mayoría de los partidos políticos chilenos acordaran un segundo proceso de reforma que tendrá lugar en 2023”.
“El nuevo proceso, señala, corrige los fallos en el diseño institucional del primer proceso y define normas que no pueden cambiarse en el nuevo proceso de reforma constitucional, que la gran mayoría de los chilenos apoya”. Chile, Costa Rica y Uruguay serían los únicos países que gozan de la etiqueta “democracia plena” en Latinoamérica.
El 15 de noviembre del 2019, una serie de partidos firmaron el “Acuerdo por la Paz y la Constitución” y prometieron una nueva Constitución para el país. Boric, que piensa encarnar las aspiraciones de la Rebelión de octubre se propuso llevar a cabo esta promesa.
Todos conocemos la historia, la constitución propuesta fue rechazada pero antes de que esto sucediera Boric ya había prometido cambios, que serían votados por el parlamento, para limar asperezas en su contenido y hacerla más consensual.
La “normalidad” sigue pendiente. Salvo que hoy la correlación de fuerzas es favorable a la derecha. Se acabó la movilización de la calle y el gobierno carece de base social. La correlación de fuerzas se mide ahora en el terreno institucional y aquí la derecha es más fuerte.
Otro tema, que viene desde la segunda vuelta presidencial es el peligro fascista.
Los fascistas, se nos dice, han adquirido mucho peso y la tarea de los demócratas es aislarlos. A notar que no hace mucho el señor Lucksic manifestaba su deseo de no hacerle la vida imposible a Boric, para que éste pudiera reformar las pensiones y la salud evitando así el fortalecimiento de los populistas o nuevos desordenes.
Pero la “normalidad” que pide The Economist hay que hacerla y se hará sin los fascistas partidarios del statu quo y la constitución de Guzmán-Pinochet. Se hará con la “derecha tradicional” que sí está dispuesta a redactar una nueva constitución.
Entonces, un acuerdo entre “demócratas” se impone y poco importa si las reglas del juego las inventen los partidos de Chile Vamos. No cabe otra que aceptar la Comisión de Expertos, compuesta en su mayoría por partidarios de la derecha primaria y aceptar a don Hernán Larraín, su flamante presidente, amigo y camarada de Jaime Guzmán desde sus años de estudiante en la escuela de Leyes de la Pontificia Universidad Católica.
No se preocupen nos dicen los dirigentes de los partidos del gobierno, lo importante es la elección de los concejales que debe llevarse a cabo en mayo. Los concejales amigos van en dos listas. La lista FA-PC-PS que presenta una sabia mezcla de candidatos jóvenes y de candidatos maduros y experimentados.
Entre los primeros encontramos aquellos que, sin duda, durante los días de la rebelión gritaban por las calles : “Chile despertó, no son 30 pesos sino 30 años, en Chile el neoliberalismo nació y en Chile se murió”. Entre los experimentados están los “socialistas democráticos” como Marcelo Schilling, que durante los primeros gobiernos “democráticos” post dictadura liquidó incluso físicamente los últimos vestigios del Frente Patriótico.
La segunda lista, apoyada por don Ricardo Lagos y compuesta por el partido gubernamental PPD aliado del PR y la DC, en la que se destacan personajes como Andrés Zaldívar (siendo ministro de Hacienda de Frei Montalva el año 1970, Zaldívar orquestó una campaña del terror diciendo que en Chile no quedaba dinero en los bancos para evitar que Allende asumiera a la presidencia…), la señora Carmen Frei y Sergio Bitar inventor de los onerosos empréstitos para los estudiantes hasta hoy endeudados.
Queda pendiente lo más importante. Este nuevo proceso constitucional ¿Es apoyado por la gran mayoría de los chilenos como piensa The Economist? No es nada seguro. Personeros como José Joaquín Brunner, otrora militante del Mapu y hoy columnista del diario derechista El Libero, manifiestan su preocupación por el poco interés que despierta en la población este nuevo proceso constitucional.
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