UNA EXPERIENCIA DE LUCHA QUE CUESTIONÓ Y REJUVENECIÓ NUESTRO PASADO Y NUESTRAS HISTORIAS DE VETERANOS
Por Julián Bastías

Una de las situaciones más enriquecedoras que he podido vivir en mi largo exilio ha sido el acompañamiento a jóvenes en prisión después del estallido social en Chile, en octubre de 2029.
Nunca pensé volver a vivir y ver en mis camaradas y amigos exiliados y en mí mismo, una tal empatía por nuestro pueblo.
Meses después del estallido se fue constituyendo aquí en París una opinión política de revuelta contra los criminales atropellos a los derechos humanos en Chile, en la represión a la inesperada revuelta social que tomó por sorpresa al mundo entero.
¿Qué hacer, nos decíamos algunos?
¿Estando tan lejos de los hechos, qué podemos hacer?
No recuerdo de dónde ni de quién vino la idea, pero como a menudo ocurre en este tipo de circunstancias, hubo una reacción impersonal y simultánea.
Debíamos buscar la forma de ayudarles y hacernos presentes en nuestro lejano país. Teníamos derecho y quizás podríamos serles útiles por nuestra propia experiencia de ex prisioneros de hace ya cerca de medio siglo.
Dimos nacimiento entonces a dos asociaciones, el « COLECTIVO » y « RIAPECH », para así acompañar individualmente a cada joven en prisión y a sus respectivas familias que nos solicitaran ayuda, principalmente de Antofagasta, Santiago y otros lugares, mediante recursos a través de abogados o para hacer llegar alimentos, medicinas y apoyos frente a diferentes otras necesidades.
Pudimos empezar a dar apoyo en unas cuarenta situaciones, siendo nosotros más o menos una treintena de acompañantes.
La mayoría de nosotros superábamos los 60 años y casi todos evidentemente habíamos participado en partidos y movimientos de izquierda.
Revivíamos nuestro pasado de generosos ideales pretendiendo volver a cabalgar en ellos. Los que participábamos habíamos encontrado nuestra segunda patria en Suecia, Alemania, Italia, Estados Unidos, Francia, y nos encontrábamos con los que estaban en nuestra patria de origen.
Con las familias afectadas nos reuníamos unas dos o tres veces por semanas, en conversaciones a través de internet, donde cada uno de nosotros, cada cual a su manera, buscaba compartir recuerdos con familias de pobladores, de campesinos y obreros de la época en que participábamos en la lucha social durante el periodo de Allende.
Estábamos confundidos, porque había mucho de otrora y mucho de la actualidad en esa mentalidad popular herida por la injusticia criminal del poder chileno actual.
Algunas familias nos hablaban de lo que habían vivido sus padres o ellos mismos durante la dictadura o de sus abuelos desaparecidos. La historia familiar y la historia política se presentaban en la identidad de algunas de esas personas.
Sin embargo, nos parecía que muchas de esas familias, no representaban los sectores más pobres de nuestro Chile actual.
Aquel sector que nos había llevado a muchos de nosotros a incorporarnos en convicciones socialistas. la palabra de estas madres y de sus hijos que fuimos conociendo paulatinamente, nos mostraba estaban preñadas de una intención de justicia más amplia que la condición social de ellas.
Luchaban por un Chile nuevo y estaban orgullosas que sus hijos hubieran sido castigados por sostener ideas de justicia social, aun cuando en un principio no veían en ello necesariamente una suerte de castigo de la clase política dominante, y fue algo que se fue constituyendo progresivamente delante nuestra propia presencia en aquellos conversatorios.
En efecto, muchos factores fueron saturando un primer periodo de ingenua esperanza en esas madres que pensaban que si la lucha era justa y si el compromiso de sus hijos era generoso y sincero, la ley comprendería.
Ante nuestros ojos, y con nosotros, esas madres fueron redescubriendo el país. Los juicios se fueron prolongando con artimañas, y con la construcción de montajes que arrinconaban y paralizaban los procedimientos correctos.
Algunas personas se decían, » de qué sirve seguir luchando ».
El dolor y la frustración, en muchos casos las hizo retroceder naturalmente de lo colectivo hacia lo individual para salvar sólo a sus respectivos hijos.
Buscaban arreglárselas, haciendo rifas, empanadas, contactando a familiares lejanos y amistades perdidas de vista o vendiendo bienes.
Pero con el tiempo, el intenso dolor fue superando esas acciones familiares e individuales, tocando inevitablemente las de los otros. Se expusieron con remordimientos y llantos a aquel retroceso que las había alejado entre unas y otras familias.
Aparecieron verdaderas fraternales críticas y autocríticas. Descubrían que sólo una cohesión podía ayudar a cada uno de sus hijos.
Mientras se daba ese proceso, entre nosotros los acompañantes, se fue logrando también una imagen más objetiva de aquellas personas en sufrimiento, sobre todo al compartir el dolor y las informaciones y experiencias con abogados, gendarmes, jueces corruptos y otros, lo que fue creando una cohesión cada vez más sólida.
Fuimos siendo testigos de la constitución de una suerte de autonomía de ese grupo social, a través de un intercambio espontáneo entre ellas, casi sin ninguna participación de nosotros, viejos intelectuales que añorábamos nuestro papel de « vanguardia » que habíamos creído tener.
Nosotros nos dedicábamos más bien a seguir los procesos, pagar abogados, hacer propaganda en las calles de la vieja Europa.
Aceptamos el no hablar para no inhibir e interrumpir sus discursos. Tuvimos que aprender a callarnos, aprender a no intervenir dando lecciones de nuestro pasado y desde nuestro « saber ideológico ».
Ellas también tuvieron que aprender a escucharse y a creer en ellas mismas. Fueron construyendo sus propios líderes y identificando la complicidad entre jueces y el poder económico y político dominante. Perdieron vergüenza de protestar en las calles, en las puertas de las iglesias y en las plazas. Aprendieron a discursear en mercados, en marchas y en redes televisivas.
El profundizar y repetir este tipo de micro experiencia de lucha social, quizás puede servir a algunos camaradas, intransigentes leninistas, a observar con menos ideología y más acuidad la participación popular contemporánea.
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