LUEGO DE LA TRAGEDIA DE PUTRE, NO HAY QUE OLVIDAR QUE EN EL EJÉRCITO SE PREPARA Y SE ENSEÑA A MATAR
por Fernando Fernández Flores

La conmoción que provocó en todo el país la muerte de un joven conscripto, Franco Vargas, la mutilación de otro y los problemas de salud de varias decenas, hechos ocurridos en Putre, en el norte de Chile, es totalmente comprensible, pero lo que resulta inverosímil es que alguien se asombre y parezca sorprendido por el hecho que pueden ocurrir tragedias como esta.
Asombro y sorpresa que podrían explicarse por la mala memoria, la ignorancia o la mala fe colectivas para considerar la razón misma de existir de un ejército, sea este cual sea, que es la de enseñar, preparar y adiestrar a sus miembros en el poco noble arte de matar a sus semejantes.
Todo esto y por supuesto, hecho en nombre de la Patria, más allá de lo que esta noción puede significar para un rico o un pobre, un patrón o un obrero, un dueño de fundo o un inquilino, un oficial o un simple conscripto.
Fijado este objetivo, la condición primera y esencial para lograrlo será la deshumanización.
Dicho en términos más simples y para que todos comprendan, se trata de despojar al civil, al “paisa” de todo lo que lo hace frágil, despreciable, afeminado, es decir sus sentimientos, sus afectos, su capacidad de razonar, para convertirlo en un ser superior.
Este ser superior es el soldado, capaz de humillar, herir, matar inmediatamente o a fuego lento mediante la tortura, a todo aquel designado como “el enemigo”, más no sea este su propio hermano.
Evidentemente, no se llega a tal nivel de perfección de la noche a la mañana.
Primero habrá que aprender que hay algunos que mandan y otros que obedecen y, que, según este orden, habrá que aceptar ser humillado, maltratado, sometido a torturas e incluso, como puede ocurrir, morir, para aprender a aplicar la fórmula a los otros.
El robo y la corrupción es uno de los más notables instrumentos pedagógicos para entender y asimilar este orden jerárquico.
Así, está tácitamente establecido que el conscripto podrá robarle a su compañero, el jabón el dentífrico, algún objeto a su cargo; el suboficial o el oficial menor la comida para el personal o la gasolina para los vehículos y, a medida se asciende en el escalafón, los viáticos, los viajes “de estudio” al extranjero o los fondos reservados para investigar a algún espía enemigo.
Como es evidente, todo esto conforma un contexto inhumanoen el que sólo pueden subsistir los más fuertes, los “más viriles”, en un mundo con normas y valores que sólo pueden comprender y aceptar los que viven dentro de él.
En el caso de la tragedia en Putre, la tardía reacción del comandante en jefe del Ejército está en relación con esta realidad y cuando debió explicarse ante la opinión pública y las autoridades civiles, no tuvo otra alternativa de hacer como si ignorara lo que existe al interior de los cuarteles.
Regularmente y desde que terminó en parte el sistema impuesto por la Dictadura cívico militar, surgen voces, sin duda bien intencionadas, que llaman a integrar dentro de la formación de los miembros de las fuerzas armadas la noción de derechos humanos.
Cabe preguntarse si acaso cabe dentro de los derechos humanos el prepararse para matar incluso a sus propios hermanos si estos han sido designados como “el enemigo”.
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