EL PAPEL DEL ESTADO EN LA TEORÍA ECONÓMICA NEOCLÁSICA
Por Claudio Jedlicki

La visión neoclásica de las ciencias económicas que sirve de soporte teórico al liberalismo y sus diferentes sub corrientes le atribuye al Estado un rol menor cuando no ausente en la economía.
Por el contrario, su actuar altera el comportamiento de los agentes provocando distorsiones y desequilibrios en el sistema económico dentro de una concepción del modelo en condiciones de funcionamiento perfectas.
Esta manera de ver las cosas conduce a considerar el paradigma neoclásico como un modelo ideal que sirve de referente a las políticas económicas. Estas deben conducir a acercarse a las condiciones idílicas del modelo para irse aproximando a un funcionamiento perfecto. Se trata de un procedimiento normativo.
En definitiva, es como en religión y por ende dogmático. Se nos presenta el mundo ideal y cómo comportarnos o aproximarnos a él. Al mismo tiempo se lista lo bueno y lo reprehensible. Uno de los pecados mortales es recurrir a Satanás, perdón al Estado, ni regulación ni muchísimo menos estatización.
Precisemos que no todos los economistas que adhieren al sistema capitalista son de obediencia neoclásica.
Simplificando bastante, podemos decir que se trata de aquellos que entre estos últimos están los que recogen las ideas de Keynes aun cuando están lejos de constituir una escuela de pensamiento homogénea.
Estos se reparten en múltiples escuelas, pero todas consideran que el Estado, las políticas públicas, en particular la moneda, juega un rol activo.
El keynesianismo se forjó en los años 1930 cuando se trataba de salir de la depresión que generó la Gran Crisis de 1929. Se consolidó al término de la Segunda Guerra Mundial con la reconstrucción y en los 30 años que siguieron, designados “gloriosos” gracias al alto crecimiento alcanzado y a la ausencia de crisis.
El retorno y supremacía neoclásica junto al declive del keynesianismo comenzó en los años 1970 con la apertura de las economías y la mundialización. Se le imputaron los desequilibrios monetarios (variaciones de tasas de cambio, inflación) y los déficits (públicos y de balanza de pago).
Entre los neoclásicos los hay más pechoños que otros. Los menos, más pragmáticos, asumen que el paraíso no es terrenal, admitiendo algunas brechas. Aceptan que el Estado pueda asumir un rol corrector en situaciones particulares.
Es el caso cuando existen externalidades positivas o negativas. Las positivas son aquellas actividades en que la ventaja colectiva supera la percibida por el individuo que puede buscarla. Se lo incita a adoptarla (p.e. la educación).
Inversamente, en las negativas, la desventaja colectiva siendo superior a la individual, se intenta disuadir su prosecución. Es el Estado que puede incitar o disuadir.
También cuando se enfrentan realidades “extrañas” al modelo. Es el caso de los monopolios, en particular los naturales (p.e. una sola ruta concesionada entre dos lugares o el tendido eléctrico o de telecomunicaciones).
En ausencia de toda competencia, solo la autoridad estatal puede fijarles ciertas normas y decidir la tarifa.
Por último, es necesario aclarar que en economía como en otras ciencias sociales las teorías y las políticas que se derivan de ellas no están exentas de generar intereses contradictorios.
Las decisiones adoptadas pueden ejercer efectos diferentes en función del lugar que se ocupa en la sociedad.
Pocas son buenas para todos, pero generalmente se tiende a presentarlas como tales. Es lo que pretenden los neoclásicos sin esconder su afiliación con la reacción.
Sin embargo, unos pocos de ellos pueden ser considerados como progresistas.
Aquellos que, justamente recurriendo a las externalidades, admiten que el Estado intervenga corrigiendo excesos y distorsiones para reducir las desigualdades.
Globalmente los keynesianos son generalmente más progresistas que los neoclásicos, lo que no impide a algunos, por interés de clase, sean la excepción que confirma la regla.
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Ver también en este número y del mismo autor, el artículo : « COMO FUNCIONA Y COMO EL ESTADO CONTROLA (O NO) EL SISTEMA ELÉCTRICO EN CHILE«
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