Internacional – Trump

LA FALTA DE CONTUNDENCIA DEL PROGRAMA ECONÓMICO DE TRUMP

Por Claudio Jedlicki

Es a Stephen Miran (SM), presidente del Comité de consejeros económicos de Donald Trump, al que le incumbió la difícil misión de dar una visión coherente de los objetivos y deseos contradictorios del discurso presidencial en materia económica. Se encuentran plasmados en la nota “Guía del Usuario para Reestructurar el Sistema Comercial Mundial”.
Su argumentación parte del postulado que EEUU es explotado por el resto del mundo, especialmente en los intercambios comerciales y en sus relaciones monetarias y financieras con este. Dada la condición de moneda internacional del dólar, la demanda por este es tal que se ven compulsados a generar déficits comerciales y presupuestarios. Estos provocan la sobreevaluación del dólar, induciendo la pérdida de competitividad y la desindustrialización del país.
En 1944, en Bretton Woods, EEUU se atribuyó un privilegio excepcional en tanto que emisor de la moneda internacional. Lo ha podido mantener a pesar de la inconvertibilidad del dólar en oro en 1971 y el fin del sistema de cambio fijo en 1973.
Este privilegio consiste en que sus déficits de balanza de pago se financian automáticamente. Sus importaciones generan como contraparte una entrada de capitales simultánea en forma de depósitos bancarios o compra de activos locales, cuando no son compras bienes o servicios locales.
 Los dólares con los que pagan no abandonan EEUU cuando importan, solo cambian de dueño destinándose mayoritariamente a comprar bonos del Tesoro americano reputados seguros. Así financian el déficit fiscal impidiendo la depreciación del dólar y favorecen su revalorización.
En cambio, el resto del mundo, sobre todo aquellos países que solo usan el dólar, la gran mayoría, cuando importan solo pueden pagar con sus reservas. Cuando acumulan déficits tienden a devaluar su propia moneda y se ven sujetos a restricciones diversas.
Que EEUU se queje por los privilegios excesivos que disponen es indecente. Depende de ellos mismos limitar sus déficits comenzando por el presupuestario, en buena parte responsable de los otros.
La desfachatez va más lejos cuando quieren hacernos creer que la desindustrialización se debe a la pérdida de competitividad por la revalorización del dólar.
¿Acaso el resto de los países occidentales supuestamente favorecidos por la revalorización del dólar, y por ende la desvalorización de las suyas frente a este, no han conocido la misma suerte? Claro que sí, siendo para algunos aún mayor.
El plan de SM para reindustrializar EEUU se apoya en una medida esencial, el aumento de los aranceles -impuesto a las importaciones-. Anticipa las consecuencias que conllevará el encarecimiento de las importaciones previendo una de estas dos situaciones o una combinación de ambas:
Que se producirá un ajuste al devaluarse la moneda de los países que exportan hacia EEUU bajando el precio en dólares y compensando así el alza al adicionar el arancel. El precio para los consumidores norteamericanos no sube, pero el gobierno puede financiar los déficits con el fruto de los aranceles y evitar la apreciación del dólar.
Que el alza de precio de las importaciones vuelva a hacer competitiva la producción local incitando la relocalización de la producción en los EEUU.
Hagamos notar que SM admite que los países afectados pueden replicar adoptando represalias, es decir aumentado los aranceles a las importaciones provenientes de EEUU, razón por la cual recomienda prudencia y gradualidad.
Es indudablemente esto último lo que ocurrirá mayoritariamente por más negociada que sea el alza de aranceles. Algunas relocalizaciones podrán efectuarse, pero la destrucción de comercio que provocará el alza recíproca de las importaciones será recesiva para todos.
Por decir lo menos, este programa, así como otras declaraciones del mandamás aparecen poco convincentes por sus vacilaciones, faltas de rigor y de coherencia, en particular en torno al valor del dólar al que se aspira. Pareciera que se aspira a las virtudes de un dólar fuerte y débil simultáneamente, dejando irresuelta la contradicción.
Nos queda el presentimiento que la verdadera aspiración de EEUU es la de reformar el sistema monetario internacional, hasta aquí confusamente expresada, pero esto es harina de otro costal.

(Ver en este número del mismo autor “Ese billete verde tan codiciado”)

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