Internacional – Uruguay

PEPE MUJICA 

Dicen por ahí que no hay muerto malo, pero más allá de lo que en cierto modo ordena el dicho popular, está el sentido crítico y el papel de “abogado del Diablo” que es deber ineludible cuando se trata de conocer y analizar la trayectoria de un personaje como Pepe Mujica, erigido ya antes de su muerte, ocurrida a mediados de este mes de mayo, como símbolo de grandes ideales revolucionarios.
En la década de los años 60, José Mujica fue militante en Uruguay de uno de los movimientos que inspirados por la Revolución Cubana que trataron de romper las estructuras capitalistas de los diferentes países de América Latina mediante la lucha armada: el Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T).
 Como activo militante del MLN-T, Mujica participó en primera línea de las acciones armadas de este y luego, al ser detenido, fue víctima del peor ensañamiento represivo de la dictadura militar de su país, en 12 años de prisión y torturas continuas que soportó sin rendirse.
En su vida personal, Pepe Mujica tampoco se rindió a las tentaciones del poder y a las prerrogativas que este podía darle durante su ejercicio como presidente de la República entre 2010 y 2015 y después, cuando se retiró para vivir la vida modesta que había sido la suya y que mantuvo hasta su muerte.
Todo este aspecto de su vida es sin duda un ejemplo de consecuencia revolucionaria.
No obstante, hay otro aspecto que entra ya en el terreno de la controversia y se refiere a las opciones políticas de su gobierno que, no pocos, han definido como la trayectoria de un “revolucionario arrepentido”, que recorrió el camino que va del guerrillero al presidente del Uruguay y, como tal, defensor de las instituciones del sistema capitalista.
Tal como sería el caso de otros movimientos de la izquierda latinoamericana y de otros líderes que, después de una lucha frontal contra las dictaduras vectores del neoliberalismo, una vez llegados al poder se acomodaron con este, Pepe Mujica, durante su mandato promovió reformas sociales que, si bien eran útiles y necesarias, no cambiaron las estructuras de fondo del sistema contra el cual había combatido.
Es lo que corresponde a lo que algunos han llamado “realismo” o “pragmatismo” político.
Pepe Mujica fue notable también por haber sido uno de los grandes promotores de una posición de “perdón y olvido” y de reconciliación con los militares responsables de los crímenes durante la dictadura, algo que, en un terreno personal y dada su terrible experiencia de víctima, puede ser considerado como un gesto de la más noble humanidad.
Pero, en un plano general y colectivo, cabe preguntarse hasta qué punto esta posición sirvió en el sentido de la impunidad y de la falta de justicia contra todos los que cometieron crímenes no sólo en Uruguay sino en todos los países latinoamericanos que en algún momento estuvieron sometidos a dictaduras.

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